Sociedad

Doctor House y el Bus 64

house-hugh-laurieA Gregory House le estaba costando conciliar el sueño. Había tenido un día bastante complicado. Uno de esos días que te apetece que pasen pronto. Ya había pasado  por fin,  y ahora,  echado sobre la cama,  imaginaba que estaba en otro país, rodeado de gente diferente que hablaban en otros idiomas distintos al suyo. Pensó. ¿Cómo puede ser que entienda y hable estos idiomas que nunca antes había oído?

Deambuló por las calles de la ciudad en la que había aparecido. Todo le resultaba muy luminoso, limpio. Recordó haber visto fotografías de  las fachadas de algunos de los edificios por los que transitaba y pronto vinieron a su memoria los nombres de Gaudí, La Sagrada Familia, las famosas Ramblas,  tan coloreadas y perfumadas por miles de flores , y… Pedralbes. Si, se dijo, debo encontrar la manera de visitar esa zona.

A los pocos minutos se encontraba sentado en el autobús número 64 con dirección a Pedralbes. Estaba acomodado en uno de los asientos de la parte posterior y se entretuvo observando el bullicioso ir y venir de gente, las cafeterías de amplias terrazas repletas de clientes saboreando quizás un aromático café.  “Viven bien estos españoles”

Desvió su mirada hacia los viajeros del autobús. Gente de todas las edades. El anciano que golpeaba suavemente el suelo con el bastón que sostenía entre sus piernas. Dos niños que tiraban de las mangas a su madre pidiéndole más golosinas. Y enfrente de su asiento,  una mujer rubia con gafas que aparentaba una edad de cincuenta y tantos años.  Ya no pudo desviar su mirada de esa mujer. Había advertido que su rostro presentaba los mismos signos que tantas veces había visto y diagnosticado en el Hospital.

“Tengo que hablar con ella”  “Tengo que advertirle el peligro que corre” Sin más se volvió hacia ella. “Perdón, podría hablar con Usted un momento en la parte posterior del autobús, tengo que comunicarle algo importante”  La señora, extrañada y perpleja, le acompañó hasta el final del autobús. “No se asuste mi querida señora, soy médico, he notado que tiene algunos signos habituales en pacientes que he tratado y que tras las pertinentes pruebas se les detectó un tumor de hipófisis. Le anoto en este papel la analítica que se debe hacer para confirmarlo o descartarlo”  La señora, ahora más asustada que extrañada, le preguntó qué signos había notado para estar tan seguro. “He notado que tiene el labio inferior, la nariz, las manos más grandes de lo habitual. Son signos que aparecen siempre en este tipo de tumores. No tarde en hacerse la analítica”

“Perdón señora, estamos llegando a Pedralbes. Yo me bajo aquí”

Descendía, Gregory House, las escaleras del autobús cuando oía a la señora gritar “Gracias, muchas gracias”

Un mes después una resonancia localizó un pequeño tumor de 7 milímetros en una glándula de apenas un centímetro de altura.

A Montse Ventura ese tarde se le apareció Gregory House. Si algún día, Montse, logra contactar con la médico que aquel día milagrosamente coincidió con ella en el autobús número 64, cambiará el rostro de Gregory House por el suyo.

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