Sociedad

La buena vida

La buena vida es cara. La hay más barata pero ya no es vida.

Esta frase que aparentemente es una obviedad,  no lo es tanto en cuanto viene determinada por varios tipos de conductas sociales y  arraigo a lo que se  ha denominado la  sociedad o cultura del bienestar. Comentaré e iré desgranando algunos de los entresijos de la malvada y cruel frasecita situándola en diferentes niveles en cuanto a  capacidad económica y comportamiento social.

Pero lo fundamental para empezar es conocer qué entendemos por buena vida. ¿Tener mucho dinero con el que satisfacer tus caprichos además de tus necesidades? ¿Tener para vivir holgadamente? O simplemente ser feliz. Tanto los que tienen mucho dinero como los que viven holgadamente también pueden ser felices. También, por descontado, aquellos que sufren penuria económica pueden ser dichosos. Y si somos exigentes podríamos decir que una buena vida sería aquella que te proporciona salud, dinero y amor. Con estas tres premisas podríamos afirmar que la buena vida es cara si te exiges poseer todo aquello que no está al alcance de la mayoría de la gente. Lo puedes hacer y lo disfrutas. La buena vida es cara también si habitualmente estás enfermo o padeces una enfermedad terminal. ¿Cuánto cuesta la salud? No tiene precio, por lo que resulta cara. La buena vida es asimismo  cara si estás perdidamente enamorado y no eres correspondido. Duele mucho sufrir de amores. ¿Cuánto cuesta el amor? No tiene precio, por lo que también resulta caro.

Y si reflexionamos sobre la segunda parte de la frase, diremos que como los ricos no suelen mirar hacia abajo no advierten que hay otro tipo de vida más barata que ya no es vida. Los enfermos dirían que si encima de estarlo no pueden conseguir los remedios necesarios para aliviar sus dolores, ya no sería cara pero tampoco vida. Y qué decir de los enamorados. ¿Se puede vivir sin amor? Sí, pero tampoco es vida.

Si a la frase le aplicamos un índice  económico, evidentemente estaríamos hablando de que a mayor capacidad económica mejor nivel de vida, llena de comodidades y lujo. Pero no siempre es así. Una de las variables en que se suele medir la capacidad económica es la cantidad de dinero que empleamos en la cesta de la compra. Esta, en un individuo de clase alta con gran capacidad económica, estaría compuesta por artículos de los que se denominan “Grand Gourmet”, como podrían ser el caviar iraní o  ruso, percebes, trufas, foies y champagne entre otras baratijas.

Si en el próximo sorteo del Euromillón mi boleto resultara agraciado con el premio al único acertante, esto me comportaría entrar en la lista de nuevos millonarios y me aparecería el primer supuesto  inconveniente. Si fuera invitado a una de esas fiestas que organizan los de clase alta y  millonarios, tendría que ir cenado ya que no me gusta ninguno de los manjares descritos y preferiría un bocadillo de mortadela, eso sí que fuera boloñesa. Alguno de vosotros pensará “éste tío es tonto del culo, anda que no existen artículos de elevados precios que no tienen que ser los citados” Y tendréis razón. Pero ya no estaríamos hablando de un individuo de clase alta que ha mamado desde pequeñito esos productos. Con esto no estoy diciendo que a una persona de menos capacidad económica no le gusten esos productos “Grand Gourmet”, lo que estoy diciendo es que su bolsillo no se lo permitiría, al menos para hacerlo frecuentemente.

En el anterior supuesto está claro que la frase “la buena vida….”, está referida a la capacidad económica. Yo me tengo que conformar con la barata porque a la cara no llego.

El dinero no da la felicidad pero ayudar vaya si ayuda. Te ves como mejor, más apañao. Te despiertas del sueño de los justos con  la tenue luz que penetra a través de los visillos que cubren el hermoso ventanal de tu dormitorio de cien metros cuadrados. Esbozas una amplia sonrisa.  El maldito despertador que antes te gritaba “fueraaaaaaaaa de la camaaaaaaa” hace tiempo lo arrojaste al vertedero. Le dijiste “largo de mi vida, te he soportado muchos años, vete ahora y no regreses nunca jamás. Después de asearte, envuelves tu cuerpo con una bata de terciopelo azul y zapatillas de piel a juego y bajas por las escaleras de mármol encaminándote hacia la espaciosa cocina. Te aproximas, muy despacio al frigorífico cuatro por cuatro y acostumbrado como estás a uno de una pieza, como mucho a uno de dos, exclamas ¡Oh Dios esto es vida! Y te quedas contemplándolo con cara de bobo sin saber que puerta abrir.

¡Despierta no te ha tocado el Euromillón! ¡Qué pena! A ver si en el siguiente tengo más suerte. A vivir con mi mísero sueldo que estirando, estirándolo mucho me permite a duras penas  llegar a final de mes.

Eres consciente de que la vida es cara, sobre todo la buena. Así que como no tienes vocación de ladrón ni de político convienes con tu yo que la hay más barata y no por eso tiene que ser peor.

Es más, puede ser mejor si a la frase le damos una orientación no económica. ¿Cuál? Memeces, que otro sentido le vas a dar a la frase si no la que tiene. Tranqui, déjame pensar  un instante…

Ya, ya lo tengo. “La buena vida es para jóvenes, la hay también para mayores pero ya no eres joven”

La juventud, sí la juventud, creo que he acertado. Porque si pienso como viven ahora los jóvenes comparándolos con generaciones anteriores es que no hay color. Antes, terminabas de servir a la Patria y el primer día que volvías a casa de tus padres, después de los consabidos besos y abrazos, tu padre, como si no fuera con él la cosa, te soltaba. “Hijo ya eres un hombre, el servicio militar ha curtido tu cuerpo y tu espíritu, así que vete pensando sin vacilaciones en qué ciudad quieres pasar el resto de tu vida” Y te largaban y tú encima se lo agradecías.

Vamos, lo mismo que ahora. Ahora no se van ni aunque los maten. Bueno si, algunos pocos si se van. Claro que con la condición sine qua non de venir a comer cada día, incluyendo los sábados, domingos y fiestas de guardar acompañados de su novia y esporádicamente de algún amiguete. Cargado con varias bolsas de ropa sucia que se llevarán al día siguiente limpita y con aroma a suavizante. Ah, y para cenar se llevará un taper con lo que caiga. La vida, como caprichosa ruleta, da muchas vueltas y a los jóvenes de hoy les ha tocado el pleno.

Lástima lo de su incierto futuro.

Y tú qué opinas sobre la frase. Deja un comentario.

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2 replies »

  1. La buena vida es cara. La hay más barata pero ya no es vida
    Estoy de acuerdo en todo…es mas conozco muchos nostalgicos hipocritas “acomodados” que despues que se les ha derrumbado su paraiso comunista fabricado sobre la base de lo que dejaron…los que se tuvieron que ir…han salido por el mundo cuando aparentemente el excremento comunista les ha llegado hasta la puerta de “sus casas” coleccionando pasaportes y ciudadanias, como bienes de bolsa valores pero eso si …pretendiendo y posteando lo contrario como …”No confundas calidad de vida con nivel de consumismo” Hipocritas! pretendiendo que nos creamos su conformidad de nuevos…jipis y “que la vida no hace falta nada para vivirla”…porque entonces tuvieron que andan como gitanos por toda europa y ahora ante la “crisis’ no les queda…” mas remedio que aterrizar en Miami”…
    Porque si Cuba esta inmovible ahi, …venir a vivir de las bondades del capitalismo? Porque no quedarse a vivir en la isla del Doctor Smith? la isla donde sus padres crearon las condiciones para que ellos “los elegidos” pudieran disfrutar de los distintos niveles sociales que solo los “nuevos ricos” los elegidos merecian? Los niveles del Laguito, el nivel de los de Miramar o el del Nuevo Vedado… Que hacen acogiendose a todas las oportunidades de los que sus padres desplazaron?.. si ellos fueron los receptores de las poseciones de los expropiados… que les pasa que no tienen ni el arrojo de mantener los que les fue dado por añadidura ni se adaptaran a crear riqueza en ninguna parte como no sea a aprovecharse de los que otro ya haya logrado o seguir viviendo de gitanos porque no fueron educados para crear riqueza sinio para envidiarla.

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