Economía

La hucha de las pensiones

Es obvio, que el ser humano en su relación con el trabajo tiene una meta final. La cruzará ese día que al despertarse por la mañana, entre sorprendido e incrédulo, piense, “hoy no voy a trabajar, me he jubilado” Y habrá a quién, dándose media vuelta, se le escapará una burlona sonrisa y seguirá durmiendo plácidamente. Como habrá  quién preocupado piense, ¿qué voy a hacer el resto de mis días? Otros, por el contrario, se levantarán y pensarán que tienen todo el tiempo para decidir y hacer lo que le venga en gana.

Estos supuestos, y otros, se darán ese primer día de jubilación. Pero asociado a la jubilación, y dejando a un lado el placer de no volver a ver el careto de tu jefe, hay algo común en todas esas personas. El derecho a una pensión justa, digna  y necesaria. No se entendería una jubilación que no fuera acompañada de una pensión contributiva por la que has cotizado y dejado lo mejor de ti.

Sin embargo todo esto que es tan justo, digno y necesario, puede cambiar a medio plazo si no se acometen determinadas reformas que garanticen las pensiones  más allá del medio plazo. Y no se pueden garantizar si cada vez que tenemos un problema, como la crisis actual, se rompe la hucha para ir tapando agujeros por muy necesarios que sean. La hucha de las pensiones no debe romperse nunca ni debe tener agujeros. Es más, hay que irle dotando, a medida que se vayan creando nuevas posibilidades, de más fondos para desterrar de nuestras mentes ese pensamiento que nos acecha cuando oímos y leemos la inviabilidad del actual sistema de pensiones.

Cuando hablamos del estado del bienestar en España, estamos refiriéndonos en buena medida  al sistema  público de pensiones, sistema contributivo, obligatorio y de reparto, y que genera desde hace más de veinte años debate y conflicto entre dos fuerzas, la política y la social.

Desde 1985, con los conflictos sociales subsiguientes, huelgas generales de junio de 1985 y diciembre de 1988 y el posterior pacto de Toledo de abril de 1995, hasta hoy, el debate político se centra en la disyuntiva entre el mantenimiento del sistema de reparto, previa reforma, y su transformación en un sistema de capitalización, público o privado. Este debate y sus posteriores negociaciones no está evitando que tenga lugar, entre la clase política, los agentes sociales y las instituciones, un cambio ideológico a favor de un sistema mixto obligatorio de reparto y capitalización, para convertirse, en un futuro no muy lejano, en un sistema obligatorio de capitalización privada, aunque como consecuencia del antagonismo entre las fuerzas políticas, ningún Gobierno está preparado para adoptar medidas radicales de privatización. Ahora bien, vista la actual deuda pública del estado, no tardaremos en ver medidas encaminadas hacia la adopción de un sistema mixto.

Pero ¿que gobierno dará el primer paso? Ninguno si no va acompañado de un gran pacto de estado, sin fisuras, con todos los agentes involucrados. Gobierno, partidos políticos, sindicatos, empresarios e instituciones.

Es cierto que la privatización del actual sistema público de reparto, es rechazada por los pensionistas y por la sociedad en general, pero no es menos cierto que se está produciendo una lenta pero inexorable aceptación de que será inevitable la privatización, como consecuencia de la alarma social que está produciendo el extraordinario endeudamiento del Estado y el número creciente y dramático de desempleados.

En los últimos veinticinco años el crecimiento de las pensiones de la Seguridad Social ha sido espectacular, tanto que en el transcurso de esos años se ha duplicado el número de pensiones contributivas. Los factores que han incidido en este crecimiento son por una parte: Demográficos;  envejecimiento de la población española. Industriales;  los ajustes de miles de trabajadores en la industria, la jubilación anticipada de cientos de miles de agricultores, la incorporación de colectivos que estaban fuera de la Seguridad Social, el incremento de las jubilaciones anticipadas antes de los 65 años. Y políticos:  la consolidación de la democracia con su mayor logro social, la universalización de la Seguridad Social y el Sistema de Pensiones. A estos habría que añadir las crisis económicas que hemos padecido en el transcurso de estos años.

¿Qué alternativas hay para una reforma del sistema de pensiones que garantice su pago y arrope sin preocupaciones a todos los trabajadores?  Básicamente dos:

  1. Mantenimiento reformado del sistema de reparto. Es la opción defendida por los sindicatos y los partidos de izquierda, en la actualidad el Gobierno de la nación. Consiste en perfeccionar el sistema de reparto reforzando su naturaleza contributiva, su eficiencia económica y solaridad interna. Esta opción asume la existencia de sistemas privados de pensiones de tipo complementario. Es el sistema tal como lo conocemos ahora pero carente de las reformas necesarias.
  2. Sistema mixto de pensiones. Goza de un amplio apoyo entre los empresarios y los llamados think tanks. Se trataría de aplicar en el corto y medio plazo un sistema de “tres patas”: un sistema asistencial básico estatal; un segundo sistema individual o colectivo de ahorro o planes privados; un tercer sistema, el más importante, de tipo profesional, que en el largo plazo será de capitalización, y transitoriamente de reparto y capitalización.

Parece necesario y urgente acometer algunas reformas que garanticen la viabilidad financiera del sistema de pensiones a corto y medio plazo. No debe olvidarse que los problemas de sostenibilidad  de las finanzas públicas, se ven mermados cuando el empleo y la productividad económica no evolucionan favorablemente como sucede en la actualidad. No queda otra, no hay dinero para futuras pensiones. Urge efectuar, con un consenso total, la reforma del sistema de pensiones. La hucha tiene que volver a llenarse.

Categorías:Economía, Sociedad

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