Curiosidades

Algo sobre mi padre

Lo que le habría gustado navegar por la red. Habría ido de web en web, de periódico en periódico, de blog en blog. Comentando, buscando noticias, publicando. Poseía una gran cultura. Sí, habría disfrutado mucho. Lo hizo con otras cosas; estudioso de todo y de nada, inquieto, gamberrete, mujeriego. Al final su padre le obligó a decidirse por alguna carrera. Eligió la militar. Ingresó en la Escuela de Oficiales de Toledo. Durante la guerra ya era capitán. Un tranvía le seccionó una pierna y truncó su carrera.

Nació en Almendralejo (Badajoz), en el seno de una familia muy numerosa pero acomodada. Su abuelo había hecho fortuna en Filipinas. Con la pérdida de la colonia regresaron a España. Pasó su infancia y adolescencia en ese rico pueblo, famoso por sus viñedos. De esas dos épocas, la niñez y la adolescencia guardaba recuerdos imborrables, curiosos, divertidos y amenos que con frecuencia nos relataba. Voy a publicar algunos de los que más nos gustaron y con los que más reímos y nos emocionamos.

Contaba que en el pueblo vivía un señorito al que llamaban Agapito, guapo y elegante, pero demasiado redicho. Estando en edad de  cortejar, nos decía mi padre cómo por las noches, cuando la luna brillaba con todo su esplendor, se aproximaba a los balcones de las mocitas para relatarles poesías y declaraciones de amor. Una noche, como de costumbre, se personó en casa de una de las muchachas más lindas del pueblo, le hizo salir al balcón y bajo un cielo encapotado, que él no hubiera deseado, le recitó.

Sofía, hace una noche tan opaca que apenas si se divisan los objetos.

Apostado a pocos metros del balcón se encontraba Ramón, un joven agricultor, que trabajaba para unos vecinos de la familia. Escuchó las palabras del señorito y sintió tal emoción al oírlas que presto, corrió hacia su casa con la intención de decírselas a su joven mujer. Ya estaba casi en la puerta, jadeante por lo que había corrido, cuando se abrió la puerta y apareció detrás de ella su mujer, Rosario. ¿A qué vienen esas prisas?, ¿qué has hecho Ramón, te persigue alguien? le preguntó. Ramón que apenas podía articular palabra debido a la fatiga de la carrera le dijo: Rosarillo no te lo vas a creer pero acabo de escuchar al señorito Agapito decirle unas palabras la mar de bonitas a Sofía, la hija del farmacéutico, que me han entrado unas ganas enormes de venir corriendo para contártelas a ti. Pues venga Ramón desembucha que me tienes en ascuas.

Mira Rosarillo le ha dicho: Sofía, hase una noche tan paca que apena te veo el ojete.

Otro día nos contaba que en una mañana de verano, cuando el sol ajusticiaba con sus ardientes rayos a los sufridos habitantes de Almendralejo, recorría las calles Pedro con su burro y las alforjas cargadas de sandías y melones al grito de “a raja y cala colorá” Esta expresión venía a ser como ahora cuando te dicen al venderte algo que si no quedas satisfecho te devuelven el dinero. Sólo que entonces era más instantáneo. Pedro hundía el afilado cuchillo en la sandía y cortaba una rodaja que entregaba al posible comprador para su cata, si una vez probada, era del gusto de éste le pesaba la sandía y se la vendía. Antes era costumbre en pueblos y ciudades pequeñas vender durante el verano, melones y sandías transportadas en tan original medio de transporte. Pues bien, esa mañana se topó Pedro con el señorito Agapito y éste, mientras caminaba hacia Pedro y su burro le dijo:

Buen hombre, ¿a cómo expende Usted las cucurbitáceas que gravitan sobre los sufridos lomos de ese magnífico animal? El pobre Pedro, que se había quedado mudo y perplejo al oír semejantes palabras que, dicho sea de paso, nunca antes había oído, atizó con su vara al animal mientras decía: ¡Arre burro que éste tío está loco!

Lo siguiente que nos relataba, sí que puedo certificar que es verídico, no es que lo anterior no lo sea, pero no tenemos otra fuente salvo la de mi padre. En esta siguiente historia participó activamente mi madre como protagonista. Año 1937, en plena guerra civil. Mi padre cae herido por una ráfaga de ametralladora y es hospitalizado en Badajoz. En el mismo, trabajaba mi madre de enfermera. Cuando despierta en la habitación del hospital, después de la operación por las heridas de la metralla, lo primero que ve es a mi madre y dice: “He debido morir, porque no existe en la tierra nada tan hermoso”

Unos años después se casaban.

Categorías:Curiosidades, Sociedad

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3 replies »

  1. Te felicito ,me ha gustado con que cariño recuerdas a tu padre,el mio hace una semana que fallecio y espero que los años no me hagan olvidar todo lo que el nos enseño y los consejos que durante años nos dio .un saludo

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    • Gracias Galatea por tu felicitación. Siento la muerte de tu padre. Inevitablemente a todos nos llega esa hora que nadie desea. Lo importante es recordar a los que se fueron, porque nos dejaron infinidad de recuerdos y su memoria nunca se extinguirá mientras vivan gente que les quisieron.

      Un cordial saludo

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