Sociedad

“El Rafita”; esencia de maldad

No soy de aquellos a los que le gustan las imágenes, relatos e historias escabrosas. Es más, no suelo detenerme a ver o escuchar hechos de crueldad intolerable. No concibo el mal hecho para disfrutar. Seres con personalidad maléfica, perpetradores de males innecesarios y abominables.

¿Es el mal una enfermedad? ¿Nacemos con genes de  maldad? No sabría decirlo, ni los científicos lo saben. La teología, justicia, filosofía, religión, moral y ética han tratado de explicarlo sin resultados demasiados convincentes. Lo que sabemos es que es una fuerza destructiva empleada para tratar a otras personas sin respetar su humanidad.

Conocía muy poco sobre los asesinos de Sandra Palo. He leído la sentencia y entiendo que con su lectura nada explicaría con más rotundidad los hechos, así como el terrible sufrimiento que tuvo que soportar la joven Sandra hasta su muerte. Lo que viene a continuación es un extracto de la sentencia.

El Tribunal declaró probado que el 17 de mayo de 2003 sobre las 2.30 horas aproximadamente, “El Malaguita” circulaba en un vehículo junto a los tres menores cuando en la carretera de circunvalación M-30 de Madrid, observó que transitaba por el arcén Sandra y J.A. La sentencia agregó que ambos están “afectados de una minusvalía psíquica y concretamente Sandra de un retraso mental ligero que suponía una disminución de su capacidad del 53 por ciento, correspondiendo su edad mental a la de una persona de 12 años”. Además, la joven “tenía limitada su capacidad de abstracción, previsión y reacción especialmente ante situaciones de peligro”. Según agregó, “El Malaguita” al objeto de hacerse con los efectos de valor que pudieran llevar les invitó a subir, negándose a ello Sandra, por lo que el procesado le exhibió una navaja y consiguió que subieran al coche. Permitieron al chico abandonar el vehículo, lo que igualmente quiso hacer Sandra siéndole impedido por el acusado que había decidido tener una relación sexual con ella. Circularon durante un tiempo con el vehículo hasta que finalmente se dirigieron a la carretera de Toledo (M-401) y se desviaron a la altura del kilómetro 8,200 por un camino que conducía a una empresa de rótulos. La Sala estima probado que allí, en unión de al menos dos de los menores, obligó a Sandra a bajar del vehículo y mientras dos de los menores sujetaban a Sandra el acusado la violó, lo que también hicieron los dos menores. “Satisfecho el ánimo lúbrico, Francisco Javier tomó la decisión, compartida o asumida por quienes le acompañaban, de acabar con la vida de Sandra”, según la sentencia, que relata que para ello se introdujeron en el coche y “lo lanzaron sobre el cuerpo de Sandra”, sin que conste quien conducía. Así, la golpearon con el frontal del vehículo contra el muro de cierre de la empresa y a continuación, una vez caída Sandra en el suelo, “pasaron por encima de la misma con el vehículo entre ocho y diez veces”. Acto seguido, “pese a advertir señales de vida en Sandra con la finalidad de dificultar la posible investigación de los hechos” se dirigieron a una gasolinera para adquirir un euro de gasolina. Regresaron al lugar y vertieron sobre el cuerpo de la chica el combustible y le prendieron fuego. La Sala concluye que se trata de una “actuación ajena a cualquier razón de humanidad incluso para matar”.

«Una de las muertes más desproporcionadas, viles, inhumanas y sangrantes que existen». Ésas fueron algunas de las expresiones recogidas en las conclusiones definitivas del Ministerio Fiscal en la tercera jornada del juicio celebrado en la Audiencia Provincial contra Francisco Javier A. L., alias «El Malaguita», de 22 años, acusado de un delito de secuestro, tres de agresión sexual -uno como autor material, y el resto por cooperador necesario- y un cuarto por el asesinato de la joven getafense Sandra Palo, el 17 de mayo de 2003. Contó con la colaboración de sus «compinches»: Ramón S. G., «Ramón» y José Ramón M.M., «Ramoncín», ambos de 19 años, además de R. G. F., «Rafita», que cumplen condena desde octubre de 2003.
“Fue una muerte agónica, y se le produjo un mal desproporcionado”, agregó la representante del Ministerio Público en la tercera sesión de la vista oral que se celebra en la Audiencia Provincial de Madrid contra ‘El Malaguita’, que fue increpado por la madre de la víctima, María del Mar Bermúdez. Ésta, al finalizar la sesión, se dirigió al acusado y le gritó: “No te deseo la muerte, pero te vas a pudrir en la cárcel (…) Voy a ser tu pesadilla”. En ese momento varios policías la sujetaron para que no pudiera alcanzar a ‘El Malaguita’.

La historia de El Rafita (5-12-1988) empieza en Las Mimbreras, un poblado chabolista de Madrid. Aquí vivía con su familia, hasta que el Instituto de Realojo e Integración Social trasladó en 1999 a todo el clan a un bloque de viviendas protegidas de Leganés (Madrid). Allí, Rafita y sus hermanos sembraron el caos. La policía no paraba en esa época de recibir denuncias por robos de coches, tirones de bolsos y agresiones. La gente le bautizó a él y a cinco de sus hermanos como la banda del chupete. Y El Rafita, aunque no era el mayor, sin duda era el líder. Los vecinos estaban hartos de sus fechorías y, entre octubre de 1999 y abril de 2000, se manifestaron una decena de veces para pedir que se fuesen del barrio.

La Comunidad de Madrid decidió entonces sacar de allí a la familia de Rafita y la trasladó a Alcorcón, en la avenida de Villaviciosa de Odón. En las Navidades de 2001 se les culpó a los chicos de provocar dos incendios en el garaje, que abrasó tres coches y dejó sin luz ni agua a 30 pisos del bloque del Ivima. La Consejería de Servicios Sociales, unos meses después, le retiró a la madre, Manuela Fernández, la tutela de tres de los hermanos. Paco, el padre, cumplía condena por tráfico de drogas. Los chavales, según la policía, robaban en los automóviles aparcados en un centro comercial y en la estación de Renfe.

Manuela no tardó ni dos días en echarse a la calle. Se puso a recoger firmas entre los vecinos para que le devolviesen a sus hijos. “Mis hijos no son gamberros ni delincuentes como ha dicho la policía. Alguno de ellos es más complicado, pero que se les acuse de todo lo que ocurre en el barrio me parece exagerado”, declaró ese día, mientras buscaba apoyo entre los vecinos. A Rafita, en aquellos días, le dio por asomarse al balcón y disparar con una escopeta de perdigones. Una tarde le alcanzó a dos personas que pasaban por allí, pero la policía no pudo hacer nada. El Rafita sólo tenía 13 años.

Así transcurría la vida en Alcorcón hasta el 17 de mayo de 2003, fecha de la muerte de Sandra Palo.

El Defensor del Menor de la Comunidad de Madrid, Arturo Canalda, ha reconocido hoy que “no ha funcionado” el proceso de reinserción de El Rafita, uno de los menores condenados por el brutal crimen de Sandra Palo en 2003. Canalda ha insistido en que “se reforme la Ley de Responsabilidad Penal del Menor para que los menores tengan un proceso de reinserción más largo”, y ha reclamado condenas mayores para delitos graves, ya que “los plazos que establece la ley para estos chicos no son suficientes”. El Rafita, que cuando se cometió el crimen tenía 14 años, cumplió los cuatro años de condena en 2007, que pasó en el centro Renasco, en Carabanchel (Madrid). Desde entonces se encuentra en libertad vigilada y bajo tutela de la Junta de Andalucía. “Ha quebrantado dos veces la libertad vigilada y además ha vuelto a delinquir. Hay que reflexionar desde todos los ámbitos para dar una vuelta a esa ley, que funciona bien, pero que tiene dos fallos: los delitos más graves y los delitos cometidos por menores de 14 años, que muchas veces quedan sin respuesta”, ha dicho Canalda en declaraciones a Telemadrid.

Algunos aseguran que lleva la maldad dentro y volverá a cometer otro crimen.

¿Tendría que modificarse la Lay del menor?  Deja tu opinión

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2 replies »

  1. este caso es uno entre tantos, y los que no se saben, yo pienso que la justicia se ha de ejercer con todo su peso, no pueden quedar impunes estas series de sucesos.
    Un menor que actúa de esta manera, tiene una forma de ser aprendida o que sale de el. Como muy bien dices hay personas que son malvados por naturaleza o por vivencias, se han dejado desviar del camino del bien, en vez de tomar un aprendizaje de estás.
    Hay cosas que tienen que ser castigadas, con fuertes penas, mientras no haya una consecuencia firme de un acto mal hecho, la gente no tendrá miedo, porque saben que no les va a pasar nada o simplemente porque no se va a descubrir lo que han realizado.
    Desde aquí pido justicia para esta serie de actos y todos los que dañen físicamente, mentalmente, emocionalmente la vida del prójimo, nadie tiene derecho a quitar la vida de nadie, ni hacer algo que la vida de la victima, se vuelva un suplicio o deje de ser vida. maricmas…

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  2. Ya parece una costumbre
    ver como sale del trullo
    donde a menudo él acude
    ¿Le estará cogiendo el gusto?

    Y es que el dichoso “Rafita”,
    después del asesinato
    en que le robó la vida
    a la pobre Sandra Palo,
    ha pasado por la cárcel
    4 veces, según dicen,
    y todas las veces sale
    y vuelve a quedarse libre.

    Pero el problema radica
    en que existen muchos más
    niñatos como el “Rafita”
    que delinquen sin parar
    pero a los que la justicia
    no los puede controlar,
    mas no están en las noticias
    porque su fama no es tal.

    No sé el modo y la manera
    pero lo que sí está claro
    es que, o esto se arregla,
    o lo pagaremos caro.

    Que los metan en la cárcel,
    que los hagan trabajar
    y que sus delitos paguen
    desde el principio al final
    no saliendo nunca antes;
    y si por algún casual
    ellos vuelven a prisión
    se pueda multiplicar
    su tiempo de reclusión.
    Así no saldrá tan gratis
    vivir como delincuente
    y resultará más fácil
    que lleguen a ser decentes,
    que trabajen y respeten
    (si no espontáneamente,
    por miedo a que le encarcelen
    cualquier día para siempre).

    O se ejerce la Justicia,
    con mayúsculas lo escribo,
    o la convivencia cívica
    habrá desaparecido.

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