Cine

El Hijo de Rambow (Son of Rambow), de Garth Jennings (Crítica)

Todos hemos tenido de niños un héroe que hacía volar nuestra imaginación. Soñabamos con grandes aventuras surcando peligros y enfrentándonos a villanos y monstruos de todo tipo, llenando cuadernos y hojas con dibujitos y caricaturas. Un día podíamos imitar a superman vestidos con una capa roja y al día siguiente ser como el Barón Rojo pilotando un enorme avión de guerra, corriendo por la casa con los brazos abiertos e imitando el característico sonido del “Ra-ta-ta-ta-ta!!”.

Ambientada en la Inglaterra de los años 80, en una época en la que el VHS era toda una alta tecnología, las películas de los cines empezaban tras una apertura de cortinas y la gente canturreaba los grandes éxitos de The Cure o Duran Duran, El Hijo de Rambow nos cuenta la historia de Will Proudfoot (Bill Milner), un niño criado desde su nacer en un estricto ambiente religioso de un modesto pueblo inglés, en el que le está prohibido placeres como la música y las diversiones como la televisión, para así seguir el recto camino del cristiano. Pero su puritana vida se tambalea cuando conoce a un chico llamado Lee Carter (Will Poulter), un jovencito con una fama muy reconocida por su gran rebeldía, que realiza un cortometraje con la cámara de su hermano mayor para presentarla a un concurso de jovenes talentos para la televisión. Es cuando Will descubre a su héroe de la infancia, el más famoso de los mercenarios del celuloide, el inigualable: ¡Rambo!. Juntos, iniciarán una gran amistad que les enseñará el camino hacia la madurez llena de aventuras y variopintos personajes.

Quizás el nombre del director, Garth Jennings, no les suene de mucho a primera vista, pero si són aficionados a la ciencia-ficción, tal vez recuerden una comédia galáctica que se estrenó (aunque de forma “discreta”) no hace mucho en los cines de nuestro país que contaba la história de un humano y un extraterrestre que con la ayuda de una guía espacial, buscaban la respuesta al sentido de la vida y del universo de una forma cómica e irónica. Así es, el director de “Guía del Autoestopista Galáctico” ha cambiado de género presentandonos una comédia sobre la amistad pero sin dejar a un lado su lado más fantasioso que le caracteriza.

Una muy entretenida comédia que gustará al público en general ya que en el fondo, se trata de un melodrama protagonizado por niños que prentende enseñarnos la importancia de la amistad, el valor de la família indiferentemente del ambiente en el que crezcamos y la honradez de ser uno mismo en una realidad en el que la apariencia, prevalece sobre la verdad. Todo con un agradable ritmo narrativo entremezclando momentos graciosos y dramáticos, sin aborrecer en ningún momento.

El punto amargo es que es de esas películas que a los pocos minutos de su final, volará lejos de nuestro recuerdo ya que peca de no tener nada especial al ser un argumento que aunque funcional, es muy simple. Pero si que se ha de elogiar la gran interpretación de la joven pareja protagonista por ser su primera incursión en la gran pantalla, habiendo trabajado antes en alguna serie de televisión. Sin duda lo mejor del film, que les hará pasar un buen rato durante su hora y media de duración.

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