Economía

En busca del modelo productivo eficaz

Muchas de las lamentaciones que proferimos a cuenta del “declive” de la fabricación las produce el egoísmo y están basadas en conceptos obsoletos de la riqueza, la producción y el desempleo. (Fritz Machlup – The production and distribution of knowledge in United States)

Tirando de estadísticas nos damos cuenta de que son más los trabajadores que manejan símbolos que los que manejan cosas. Hace tiempo que cruzamos la transición del trabajo manual al intelectual. El cambio del trabajo manual al trabajo de servicios y a la actividad simbólica se ha generalizado de una forma espectacular e irreversible.

Nada o muy poco se ha hecho para que esto no sucediera y ahora estamos pagando un alto precio. La miopía, la desgana, el desconocimiento de nuestros empresarios y gobernantes está provocando que reciban el castigo aquellos miembros de la sociedad que menos responsabilidad tienen en el retraso industrial y que menos podían protegerse: los trabajadores.

Pero hay un fallo mucho más elemental en las antiguas estrategias; todavía se centran en la circulación de dinero más que en la circulación de conocimientos.

En la economía de la era de la industrialización se necesitaban trabajadores intercambiables. Si había un millón de parados, uno podía, en principio, activar la economía y crear un millón de puestos de trabajo. Dado que los trabajos eran intercambiables, o requerían tan poca capacitación que se aprendían en menos de una hora, cualquier trabajador desempleado podía ocupar cualquier puesto. ¡Listo! El problema del millón de desempleados había desaparecido.

En la economía supersimbólica de nuestros días, esto no es posible, y ahí se encuentra la razón de que una gran cantidad del desempleo parezca insoluble y de que los tradicionales remedios keynesianos  no den buen resultado. Para superar la gran depresión, recordemos que John Maynard Keynes propuso el crecimiento del gasto público financiándolo mediante déficit presupuestario para poner dinero en el bolsillo de los  consumidores. Una vez que éstos tenían el dinero, se apresurarían a comprar cosas. Esto a su vez, haría que los fabricantes ampliaran sus fábricas y contrataran más trabajadores. Adiós al desempleo.

En la economía mundial de nuestros días, el hecho de poner dinero en el bolsillo del consumidor acaso no sirva más que para provocar su salida al exterior, sin hacer nada en ayuda de la economía interior. El consumidor que compra un televisor o un reproductor de vídeo o música está enviando su dinero a Japón, Corea o a cualquier otro país.

Pero hay un fallo mucho más elemental en las antiguas estrategias: todavía se centran en la circulación de dinero más que en la circulación de conocimientos. Así y todo, resulta imposible reducir la carencia de trabajo sólo con aumentar el número de puestos de trabajo porque el problema ya no es sólo cuestión de números. El desempleo ha pasado de cuantitativo a cualitativo.

De este modo, aunque hubiera 10 ofertas de empleo por cada trabajador parado, aunque hubiera 5 millones de puestos vacantes y sólo un millón de desempleados, este millón no podría desempeñar los cometidos propios de los puestos de trabajo disponibles a menos que tuviera una capacitación o conocimiento acorde a las exigencias técnicas de esos nuevos puestos de trabajo. Estas técnicas son ahora tan variadas y cambian tan de prisa que los trabajadores no pueden intercambiarse como en el pasado. El dinero y los números no resuelven el problema.

Los desempleados necesitan dinero con urgencia para sobrevivir, por lo que es necesario, y moralmente justo, prestarles unos niveles dignos de asistencia pública. Pero cualquier estrategia para reducir la carencia de trabajo en una economía supersimbólica debe depender no tanto de la asignación de riqueza y si más de la asignación de conocimientos.

Para ello, necesitamos preparar a los futuros trabajadores, mediante una optima escolarización, los aprendizajes profesionales y la formación en el puesto de trabajo.

En resumen, el auge de la economía supersimbólica nos obliga a conceptuar de nuevo todo el problema del desempleo, desde sus mismas raíces, en busca de un nuevo modelo productivo eficaz, eficiente y sostenible. Es la única vía para que los trabajadores puedan acceder a puestos de trabajo que no se ocupan por falta de conocimientos.

Buenas noches y feliz día

2 replies »

  1. El punto de vista con el que encaraste el tema es muy agudo, y parte de una óptica de reflexión interesante. De economía yo no entiendo demasiado, pero lo que planteas es trasladable a cualquier área.
    Cuando los planes y estrategias se diseñan desde un concepto perimido y agotado nada puede construirse a largo plazo, y si esas estrategias son intencionalmente perimidas y agotadas, es aún peor.
    Lo mío, ya sabes, es la educación, y en ese ámbito (del que nace todo lo que decis) es donde se debieran definir los objetivos más básicos: ¿qué tengo?…¿qué necesito tener?…¿cómo lo hago entonces?…Y nada parece estar muy claro…
    Lo realmente grave, creo yo, es que lo que experimentamos es una planificación perversa de que así suceda.
    Y esto ni siquiera es orquestado por nuestros propios dirigentes sino que responde a intereses y poderes en esta bendita globalización (Latinoamérica conoce bien de esto) de los que nos convertimos en rehenes funcionales y, en la mayoría de los casos, pasivos e involuntarios…

    Puff!…Disculpa la longitud, pero este tema me enciende un poquito!
    Besos

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  2. Me parece interesantísimo el tema que planteas hoy. Creo que le dedicaré una entrada en mi blog.
    Primero tengo que actualizar mis conocimientos un poco.

    Saludos… un abrazo.

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