Política

¿Habitas o moras?

Un día, alguien me preguntó, ¿habitas o moras?

La pregunta, ciertamente me sorprendió, así que contesté lo primero que me vino a la cabeza

– ¿Cómo? ¿Me hablas de legumbres y frutas con la que está cayendo?

–  No por favor, te hablo de vivir en algún lugar, de residencia, de inter relacionarse e integrarse en una comunidad.

–  Vivo y resido en Palma, ¿pero acaso no es lo mismo habitar que morar?

–  Por descontado que no. Habitas en tu casa, en tu municipio, en tu comunidad, en tu país, ¿pero te ofrece alguien la posibilidad de ayuda tangible, algo que no sean palabras que se las lleve el viento, de vivir dignamente? Habitas rodeado de inmundicia y corrupción política, casi malviviendo en el día a día, y no sólo te quiero hablar de la miseria económica, la que condena a millones de españoles a pasarlas canutas para poder llegar a fin de mes y la de algunos para poder llevarse algo a la boca, te quiero hablar también de la miseria que nos envuelve por doquier y que se manifiesta de muy diversas maneras. Moras, en cambio, en el Olimpo, en la casa de Dios, en la perversión del lujo y las comodidades, en la buena vida, esa que si cara es, dos veces vida es, moras, si vives a cuerpo de rey o de político o banquero.

–  Bien, pues adelante, explícamelo porque no acabo de pillarlo del todo.

–  España ha experimentado un cambio a peor durante los tres últimos años. En parte, no lo voy a negar, debido a la crisis financiera internacional, pero no sólo debido a ello. Nos están  conculcando, a base de decretos de ley, derechos civiles que tanto esfuerzo y sacrificio había costado conseguir. Y lo hacen aquellos que se oponían a esa forma de legislar del franquismo. Pero hay más, mucho más; estamos recibiendo los que habitamos este país, no los que lo moran, el castigo de la ineptitud manifiesta de este Gobierno que ha llevado a casi seis millones de sus habitantes a la quiebra moral y económica, a la desesperación, al desempleo en el mejor de los casos, si es que no has acabado la prestación y las ayudas posteriores. Mientras, se premia a una parte de moradores que cobran escandalosos sueldos, que se pavonean proyectándose rodeados de una cohorte de altos cargos designados a dedo, para que se embolsen enjundiosos estipendios y dilapiden los haberes de la Hacienda Pública, por el simple merecimiento o condición de ser amigos de quién manda, compañeros o camaradas de fatigas y farras, gente sin ningún tipo de estudios ni preparación y que para nuestro rubor, encima no han pegado un palo al agua en su vida. Pero hay más, mucho más; tuvimos la mala pata o nos tocó la china, o ambas tal vez, de confiar en un iluminado que se auto proclama estadista, pero no sabemos dónde nos dirige, y siendo muy preocupante esto, lo es más, que no lo sepa ni él. Defensor de las instituciones, pero las burla cuando le apetece o le conviene. Firme partidario de la Justicia y acatador de sus sentencias, pero maniobra orquestando en la oscuridad y a sus espaldas para que las sentencias se ajusten a sus conveniencias, caprichos o perversos intereses de aquellos con los que se siente en deuda. Incondicional de la unidad patria, pero se disgrega, se separa, permitiendo que haya ciudadanos de Champions League y ciudadanos de segunda división. Constructor del futuro, pero nos hipoteca por su alocada pasión por el gasto público. Teórico abanderado de los más desfavorecidos, pero traidor a su ideología por subirse al carro de los poderosos. Progre culto, pero promociona con dinero público, el de todos, auténticos bodrios en el cine, la televisión, la música y la literatura, (así agradece el gesto cómplice) embruteciéndonos hasta el ronquido y el rebuzno. Crítico, hasta la desesperación, de la guerra de Irak, pero nos compromete en invasiones de países, excusándose en mandatos internacionales, sacrificando a nuestros soldados en favor de los intereses de multinacionales inmorales y de planes estratégicos que no nos conciernen, pero que a mayor loa de Obama, continuará enviando tropas a zonas de guerra que serán la tumba de muchos de nuestros soldados. Humanitario, pero se premia y se jalea al miserable criminal etarra, regalándole paz pactada, permisos carcelarios o libertades condicionadas, mientras las víctimas del terrorismo han sido privadas de todo lo que tenían o habrían podido llegar a tener, sin que se atisbe en su cara el más mínimo sonrojo. Sincero, pero no hay una sola palabra de él, de sus ministros y colaboradores que pueda ser considerada con un atisbo de verdad, como diría, mi admirado Arturo Pérez Reverte, “miente por la gola” y ni la ceja se le mueve. De talante risueño, pero pone el culo del país como bandera a disposición de nuestros vecinos, llámese  Gibraltar, Marruecos o el Aaiún. Y podría seguir contando y enumerando más lindezas, a estas alturas se pueden imaginar que con el de ceja en la poltrona “hasta los amores van mal, la salud ni fu ni fa y no van bien los negocios”

–  Coincido contigo en todo, pero no advierto la relación de la nefasta gestión del de la ceja con la pregunta inicial ¿habitas o moras?

–  Si morases, entendería que no encontraras la relación entre una palabra y otra, a los moradores de este país que es menos España que antes, se la traen floja todos los errores que está cometiendo el de la ceja, entre otras razones porque ya han puesto a buen recaudo sus dineros. Si habitas, sufres por este país que no te puede dar trabajo, ni vivienda digna, ni una educación acorde con el potencial económico que se nos supone, ni una justicia con medios e independiente, ni una ley de dependencia que tendría que estar totalmente desarrollada, ni sufrirías viendo Comunidades enfrentadas por el agua o por el idioma.

Si habitas sufres, viendo como el de la ceja está dejando España como un solar con diecisiete parcelitas.

–  Pues va a ser que tienes razón, yo habito pero no moro.

Buenas noches y feliz día

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