Internacional

Un lección para Zapatero

El mensaje que los electores estadounidenses han dado al Presidente Obama ha sido claro; “no abandones los objetivos, cambia las formas de gobernar para conseguirlos”

Gobernar con una crisis como la que nos ocupa no es fácil, es tremendamente complicado. Si además encadenas varias crisis sucesivas que nadie había anticipado, la frustración te inmoviliza. Ya investido presidente la crisis financiera golpeaba con saña al país. Tuvo que acudir al rescate de entidades de crédito en bancarrota a causa del estallido de las hipotecas basura para evitar una recesión parecida a la de los años treinta, tan en el recuerdo de los estadounidenses. Sus mayores logros; la asistencia sanitaria que al final por la intransigencia de muchos se quedó a medias, las guerras ya en su final, los atrasos en sectores energéticos y la inversión en infraestructuras tan desatendidas fueron sus promesas electorales que ha logrado sacar con buena nota. Por el contrario gobernar con una mayoría holgada en ambas cámaras, sin hacer participar a la oposición, el aumento del desempleo y el descontrol del gasto público han sido las causas de la debacle electoral que ha sufrido.

Muchas semejanzas con la situación española hasta la derrota. A partir de ahí, su primer discurso deja bien a las claras que ha entendido el castigo infringido en las urnas y su compromiso de efectuar los cambios necesarios en sus políticas, para volver a obtener la confianza del electorado, le honra.

El próximo 28-N será la primera prueba, si al final se consuma el descalabro electoral del PSOE, de esperar un discurso de Zapatero como el pronunciado por Obama. Sería lo deseable, pero conociendo a nuestro presidente, mucho me temo que nada cambiará.

Discurso del Presidente Obama tras la derrota electoral.

El Presidente de los Estados Unidos:

Buenas tardes. Bueno, nos dieron una paliza. Estoy decepcionado, pero sigo creyendo que nuestras acciones son necesarias y correctas. El gasto de estímulo ayudó a evitar una segunda Gran Depresión. La legislación sanitaria ofrece la promesa doble de ampliar la cobertura y controlar el gasto. La reforma del régimen de regulación financiera protegerá a la economía estadounidense de los excesos del sector privado

Eso es mucho — pero os escucho alto y claro.

En primer lugar, no hicimos suficiente. El paro habría sido aún mayor sin el estímulo, pero es inaceptablemente elevado. Registramos nueve meses consecutivos de crecimiento del empleo en el sector privado, y vamos a mantenerlo ahí durante el tiempo que tenga el privilegio de ser vuestro presidente.

En segundo lugar, hicimos, para algunos de vosotros, demasiado — demasiado gasto, demasiadas legislaciones intrusivas. Fue desconcertante. Cada día parecía que estuviéramos extendiendo un cheque cuantiosísimo. Estoy convencido, otra vez, de que se gastó con inteligencia. El tan denostado rescate va a costar una fracción del gasto inicial — y salvó de la devastación económica a comunidades de todo el país. El estímulo creó empleo — y, a propósito, proporcionó una rebaja fiscal de más de 200.000 millones de dólares. La ley de reforma sanitaria conlleva un precio exorbitante — pero insistí en que el coste sería plenamente amortizado. Me voy a resistir — con mi pluma de vetar — a cualquier tentativa de debilitar la ley que se sume al déficit.

No obstante, la era de los grandes gastos ha terminado. Ese es el motivo — después de que algunos Republicanos votaran en contra de la creación de una comisión del déficit — de que lo hiciera mediante decreto ejecutivo. Espero impaciente su informe — y trabajar con los Republicanos para extinguir la deuda. Y por ese motivo vengo estando tan decidido a no añadir otros 700.000 millones de dólares a la deuda ampliando permanentemente las rebajas fiscales a las rentas más altas.

En tercer lugar, incumplí mis propias normas de administración de una forma post-partidista. Me equivoqué al utilizar el término “enemigos”. No voy a ofrecer excusas ni a señalar a nadie. En lugar de eso, permítame describir lo que voy a hacer de forma diferente.

Es hora de dejar de dirigirme al otro partido y de empezar a hablar con él. En lugar de discursos semanales grabados y respuestas enlatadas, propongo un encuentro televisado con un Republicano designado para debatir las cuestiones del momento. Hagamos eso en la Casa Blanca de vez en cuando. En semanas alternativas, yo iré a su encuentro. Yo vendré al Capitolio a someterme a “sesiones de control” de los miembros del Congreso, Republicanos y Demócratas. Fue idea de John McCain, y era buena.

Pero hablar no basta. Asumiré el riesgo de ir primero, con propuestas en materia sanitaria y tributaria. Muchos Republicanos sostienen que el riesgo de una demanda por negligencia dispara el coste de la sanidad al empujar a los médicos a ejercer una medicina defensiva. Estoy de acuerdo. No es popular entre ciertos Demócratas, pero yo voy a remitir al Congreso nuevo una propuesta nueva que protegerá a los médicos de las demandas frívolas. Metidos en harina, corrijamos la sección del nuevo código que impone pesadas obligaciones de declaración a las pequeñas empresas.

En materia tributaria, discrepo de los Republicanos en que nos podamos permitir ampliar las bajadas del impuesto sobre la renta a las rentas altas haciéndolas permanentes o que dejar que expiren amenace la recuperación. Pero hay margen de compromiso. Los dos estamos de acuerdo en ampliar permanentemente las bajadas fiscales al 98% de los estadounidenses. Ampliar las bajadas tributarias a los más ricos durante dos años costará 75.000 millones de dólares. Creo que ese dinero estaría mejor gastado en formas que fueran de ayuda al estadounidense de a pie: reimplantar un programa que subsidie el empleo en el sector privado para cabezas de familia de renta modesta. Crear un banco de infraestructuras nacionales para modernizar nuestras decrépitas infraestructuras — liberándolas de consideraciones políticas y de partidas presupuestarias extraordinarias — y dar preferencia al gasto que crea empleo. Aún así, si los Republicanos creen que los recortes fiscales a los ricos son una opción aconsejable, estoy abierto a una breve ampliación.

Esto es sólo el principio. Deberíamos de unir fuerzas para renovar y consolidar la reforma educativa que trajo una nueva era de disciplina escolar. Deberíamos situar a la seguridad social en un camino financiero sólido — aunque sin recortar prestaciones a aquellos que más necesitan el programa. Podríamos, como ha sugerido John Boehner, sanear el reglamento fiscal podando los programas que derrochan disfrazados de rebajas fiscales.

En la infeliz secuela de otras elecciones, un presidente estadounidense ofrecía algunas palabras sabias. “Nuestra labor”, dijo, “es asegurarnos de que nuestros líderes no fallan al pueblo estadounidense”. Ronald Reagan tenía razón. A mis conciudadanos patriotas del otro lado del hemiciclo: Vamos a ganar por Reagan.

A mi me ha parecido un discurso brillante, humilde y respetuoso, además de afrontar el futuro con fuerza y optimismo.

Buenas noches y feliz día

Categorías:Internacional, Política

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2 replies »

  1. Pues sí, un discurso donde reconoce lo que no ha hecho bien a la vez que defiende lo que cree que ha sido un acierto.

    Pero algo así no sería posible aquí con Zapatero, porque lo que él llama aciertos no han sido más que tontadas de cara a la galería, indefendibles. Como lo de los apellidos para defender la igualdad, mientras muchas mujeres seguirán ganando menos que muchos hombres por hacer el mismo o más trabajo, como si el cambiar los apellidos realmente fuese algo beneficioso.

    Y sobre todo, Obama da un discurso de concordia, buscando el acercamiento a la oposición para asuntos de estado, mientras que aquí Zapatero no busca más que el enfrentamiento directo y sin tregua con la oposición.

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  2. Hola!
    Pienso que hay muchos factores que impiden avanzar hacía un cambio más justo. Los gobernantes no tienen a su favor todos los mecanismos de presión y ahí entran en juego los poderes economicos esos que unos llaman “mercados” y otros que ni siquiera tienen nombre porque hacen su “trabajo” en la sombra. El aviso al presidente español es claro pero no creo que tenga la suficente capacidad para hacer un giro de tuerca a la izquierda cuando todos le están forzando a hacer lo contrarío.
    un abrazo.

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