Economía

Once upon a time…

Erase una vez que hubo un tiempo en que la riqueza era elemental. Se poseía o no. Era sólida, material. Resultaba fácil comprender que la riqueza daba poder y el poder daba riqueza.

Era sencillo porque tanto el uno como la otra se basaban en la tierra.

La tierra era el capital más importante de todos, aunque por aquel entonces no se le llamara así. Era finita –en el sentido de que si uno la usaba, ningún otro podía usarla al mismo tiempo-. Y, aún mejor, eminente y evidentemente tangible. Se podía medir, cavar, revolver, pisar, sentir entre los dedos de los pies y dejarla correr entre los de las manos. Generación tras generación de nuestros antepasados la poseyeron o tuvieron hambre de ella y por ella.

Hubo una vez un tiempo en que la mayoría de los que la poseían, la conocían íntimamente. Cada colina, cada campo, cada manantial, cada huerto. El árbol que daba frutos y bajo cuya sombra se protegían del ardiente sol del verano.

La tierra… romántica, cautivadora, ejercía sobre el que la poseía atracción, pasión, y sufrimiento, sudor y lágrimas. Ararla, sembrarla, cuidarla, amarla, recolectarla y recoger finalmente sus bienes.

Hubo un tiempo, hace mucho tiempo, que tocábamos la riqueza con nuestras manos y nos daba poder. Palpable, real, material, evidente, perceptible. Erase una vez que la riqueza y el poder del hombre eran tangibles.

Más, erase una vez que hubo un tiempo después que la riqueza y el poder se transformaron, a medida que los cielos empezaron a llenarse del humo que producían las chimeneas de la Revolución Industrial. Las máquinas y los materiales para la producción industrial, más que la propia tierra, pasaron a ser la forma más necesaria de capital: hornos para la fabricación de acero, telares para los tejidos, cadenas de montaje, soldadoras por puntos y máquinas de coser; bauxita, cobre y níquel.

Pero el capital seguía siendo finito y material. Si se usaba un horno en una acería para hacer bloques de motor de fundición, nadie podía usar ese horno al mismo tiempo, y los grandes magnates cuando invertían en una compañía, buscaban “activos tangibles” que quedaran reflejados en sus balances. Cuando los banqueros negociaban un préstamo, querían garantías, cosas sólidas, materiales y tangibles. Sin embargo, al contrario del agricultor que conocía su riqueza, su tierra íntimamente, pocos inversores de la era industrial llegaron a ver, y mucho menos a tocar, las máquinas y minerales en los que se basaba su riqueza. En vez de eso, el inversor recibía un papel, un mero símbolo, unas obligaciones o acciones que representaban determinada fracción del valor de la compañía o empresa que utilizaba el capital.

Erase una vez que hubo un tiempo, que ya no se tocaba la riqueza con las manos. Erase una vez que dejó de ser palpable, real, material, evidente, perceptible. Erase una vez que la riqueza dejó de ser tangible.

Erase una vez que alguien ordenó “ganarás el pan con el sudor de tu frente” y desde entonces ha sido así, solo que unos pocos han ganado mucho pan sudando poco y los más sudan demasiado para ganar poco pan.

Leer… Esclavos de la deuda

Buenas noches y feliz día.

1 reply »

  1. Una manera muy buena de contar el transcurso de generar riqueza en el Mundo.
    Bonito cuento.
    Prácticamente siempre ha funcionado así. Es una cadena que se ha ido generando desde que el hombre dejo la era prehistórica, solo que ahora hemos llegado a un estadio, que con ello hay que generar equilibrio y usar el poder de los “grandes” o de los que tienen +para ayudar a los que tienen menos, haciendo desaparecer el hambre y la miseria de todo tipo. Es la misión a la que esta destino el ser humano. Generando una cadena armónica del Todo, sin escasez de ningún tipo.
    Debemos aprender de todas nuestras experiencias y de lo evidente, generando el cambio que se ha de dar, mientras tanto, nada cambiara para bien en su totalidad,consiguiendo con todo ello la armonía en todos nosotros y el bienestar absoluto.
    Saludos cordiales Almaes.

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