Deuda

¿Qué es el déficit público?

Las cuestiones que tienen relación con la economía, parecen a menudo, difíciles de entender para la mayoría de los ciudadanos, a pesar de que, muy frecuentemente, nos acompañan en todos los órdenes de nuestra existencia.

Yo, admirador de Aristóteles, comparto su opinión que la economía es la correcta distribución de los recursos, sean escasos o abundantes, para satisfacer las necesidades del ser humano, y me alejo hoy, del cómo se llega a ese objetivo que tratan de explicar la historia, la estadística, la sociología y la política económica.

Al ser su finalidad el ser humano, es contemplada como una ciencia social. Ésta, a diferencia de otras ciencias como las naturales o puras que no pueden ser rebatidas, tiene un alto componente de imprecisión, por lo que en bastantes ocasiones es confusa e inexacta, debiéndose servir de aproximaciones que, con mayor o menor fortuna, casi nunca pronostican lo que realmente sucederá. Lo estamos viviendo en nuestras carnes cómo nuestro desafortunado o tal vez ineficiente gobierno, no acierta en ninguna de sus previsiones económicas que realiza.

Pero el tema de este post es el déficit público, por lo que tras esa breve introducción, pasamos a analizar de forma sencilla y comprensible qué se entiende por déficit público, cómo se comporta, cuáles son sus consecuencias, y de qué manera nos afecta.

En primer lugar, resolveremos que, déficit es deuda y público tiene relación con todas las Entidades Públicas, llamémoslas Estado Central, Comunidades Autónomas, Ayuntamientos y cualquier otra Entidad que sus ingresos provengan de los Presupuestos Generales del Estado y por consiguiente de nuestros impuestos.

Definimos como déficit  a la diferencia negativa entre los ingresos y los gastos, es decir los gastos superan a los ingresos, y por consiguiente, déficit público es el saldo negativo que tiene toda Administración Pública que ha gastado más de lo que ha recaudado. En el caso español, todas las Administraciones tienen déficit, no pueden pagar sus deudas.

Y nada más fácil que tratar de explicarlo, referido a cualquiera de los hogares españoles que para el caso, y, tratándose de dinero, será más divertido y ameno que hacerlo sobre el farragoso Estado en toda su amplitud.

Así que estudiaremos y compararemos el caso particular de una familia de las muchas que existen en España, con el Estado.

En ninguna familia media se necesita un economista que les aconseje, les de unas directrices y les administre su dinero. Son ellos, esposa y esposo quienes, a la vista de sus recursos económicos, los administran y los reparten como mejor pueden y saben. Nótese que he antepuesto a la esposa al esposo por su mayor prudencia, sabiduría y dedicación a administrar dichos recursos. Por supuesto hay excepciones, pero como el que está escribiendo este post soy yo, la antepongo al esposo.

Pues bien, cualquier día del año, los dos esposos cómodamente sentados en su salón y provistos de lápiz y papel, empiezan a anotar sobre éste último, primero sus ingresos y a continuación los gastos. La cara es el espejo del alma, por lo que si aparece en la comisura de sus labios una sonrisa, significará que el saldo resultante es positivo. Aún podrán darse cualquier caprichito o simplemente ahorrarlo por si en el futuro la situación se complicara.

Desafortunadamente, no hay sonrisa sobre la comisura de sus labios sino un careto, entre mitad sorpresa, mitad incredulidad, y a pesar de que han repasado las cuentas unas cuantas veces, el resultado les ha salido negativo. Su economía familiar tiene un déficit, han gastado más de lo que ingresan. Tienen un problema, y tras devanarse los sexos deciden que sólo hay tres maneras de solucionar este inconveniente: aumentar los ingresos, recortar gastos o pedir dinero prestado a terceros. Aumentar ingresos se les antoja harto complicado, como sus hijos son aún menores y la casa que se compraron mediante hipoteca tiene una alta cuota de amortización e intereses, deciden que no es momento para recortar gastos y acuden a una entidad de crédito a solicitar un préstamo. Concedido éste han podido igualar y ajustar los ingresos con los gastos. Ya no tienen déficit pero sí tienen una nueva deuda que tarde o temprano tendrán que pagar.

Ahora son conscientes que parte de sus ingresos los tendrán que dedicar a pagar intereses, por lo que nuevamente se les presenta la disyuntiva entre recortar gastos o pedir más dinero prestado si los ingresos siguen siendo los mismos. Si piden más dinero prestado, cada año tendrán un déficit superior al tener que añadir a sus gastos iniciales los intereses de la deuda que ha crecido.

Cualquier familia responsable, sabe que no puede gastar, de forma permanente, más de lo que ingresa. Llegará un momento que sus acreedores dejarán de financiar su gasto creciente, o si le vuelven a financiar la deuda lo harán con un coste de intereses más elevado. La solución; o reduce sus gastos o su déficit será cada vez mayor.

Fácil de entender ¿verdad?

De esta manera, nuestro Estado, salvando todas las diferencias de tamaño y complejidad, por la forma en que nos dimos nuestro modelo de Estado, funciona igual que cualquier familia o empresa. En la crisis que estamos sufriendo, los gastos superan ampliamente a los ingresos por lo que al carecer de ahorro interno, es decir lo que podemos ahorrar nosotros, tiene que buscar financiación en el exterior, financiación que se cifra en 50.000 millones de euros anuales, sí, he dicho bien, anuales, es decir cada año si no se consigue aumentar los ingresos o reducir el gasto, nuestro Estado tiene que buscar esa financiación para poder afrontar los pagos y no entrar en quiebra, ya que al mismo tiempo que emite deuda, tiene que afrontar los vencimientos de las anteriores emisiones. Lógicamente, con el paso de los años, ese déficit, la deuda, ha aumentando tanto que los inversores, que aún apuestan sus ahorros en deuda española exigen un interés más alto y que se hagan determinadas reformas para que su inversión esté garantizada, es decir, que el Estado les pague a su vencimiento la inversión más los intereses.

Para combatir ese déficit, el Estado, al igual que la familia o la empresa, tiene tres vías: la de seguir emitiendo deuda para afrontar los pagos corrientes y los vencimientos de las emisiones de deuda anteriores, aumentar los ingresos o controlar y disminuir el gasto. Estamos viendo que el Estado sigue emitiendo deuda, no puede aumentar los ingresos porque la economía sigue estancada, las familias no pueden consumir como antes. Aumentó este verano el IVA y otros impuestos especiales pero no es suficiente y tiene que recurrir, apremiado por Bruselas,  a controlar el gasto, ha empezado a hacerlo por la parte fácil, la ciudadanía, con el mayor recorte de toda la historia de la democracia, en unos días se aprobará la nueva Ley de Pensiones, que nos la quieren vender como la panacea para todos los males, cuando lo que en realidad es que trabajaremos más años y cobraremos menos pensión, lo pinten como lo pinten eso es lo que al final quedará.

Volviendo a la familia, al final su déficit lo cubrieron privándose de algunas cosas, han recortado o dejado para mejor ocasión sus planeadas vacaciones, salen menos o casi nunca  a los restaurantes y al cine, seguirán con el mismo frigorífico que estaba para cambiarse. Al final con sacrificio han ajustados los gastos a los ingresos. Han gestionado su economía doméstica con diligencia.

Volviendo a las Administraciones Públicas, aunque nos sigan recortando derechos, no acabarán con el déficit, la deuda que mantenemos con el exterior, déficit público, es de un tamaño que produce escalofríos. Hay que hacer  más cosas y hacerlas con diligencia y eficiencia. No hay solución para nuestro défict público sino hay crecimiento económico, como tampoco la hay sino se racionaliza el actual modelo de Estado.

Buenas noches y feliz día

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