El Futuro

Mujeres y hombres; ciudadanos libres

Es frecuente que, tras un periodo de crisis económica y financiera tan prolongado, surjan movimientos de mujeres y hombres, ciudadanos libres, convencidos de que algo importante debe hacerse para comenzar el cambio tranquilo. Ya no es suficiente para esas mujeres y hombres libres cambiar la orientación de su voto, maldita las ganas que tienen de ir a votar para que nada cambie. Les han engañado tantas veces, que no les basta saber ni les preocupa si en lugar de Zeta gobernará Jota, o lo que es lo mismo, no es suficiente intercambiar los collares de los perros, del podenco al galgo y/o viceversa.

Esas mujeres y esos hombres, ciudadanos libres, tienen un objetivo que va más allá de lo que hasta ahora hemos conocido. Desean construir algo nuevo, hermoso y duradero. Empezar, si cabe de cero, e ir levantando sin prisas pero sin pausa un país del que se sientan orgullosos, y no sólo con los triunfos deportivos, que nos hacen quedar muy bien pero no dan de comer. Saben que es ahora o nunca, y los que nos mandan, no digo gobiernan porque sólo mandan, se tienen que ir de la política o regenerarse. Esos ciudadanos libres están empezando a averiguar que sentados en su cómodo sillón viendo la televisión, sus problemas nadie se los resolverá. Se acabará esta crisis un día y, muchos se encontrarán con una mano delante y otra detrás, mientras observarán que el que era muy rico lo será más, y los más, serán más pobres por culpa de los que eran ricos e inventaron esta crisis o se aprovecharon de ella, precisamente  para acabar siéndolo más. Observarán también que el político corrupto tendrá una legión de admiradores dispuestos a emular sus hazañas de corruptelas bananeras que en la mayoría de las veces acaban sin castigo, y sin que les hayan arrebatado aquello que ilícitamente consiguieron. Observarán asimismo como el poder político lo absorbe todo, incluyendo en muchas ocasiones a los jueces. Cómo el poder ejecutivo se hermana con el legislativo para sacar adelante leyes que nunca se aprobarían si nos dieran la oportunidad de refrendarlas. De ahí la necesidad para encaminarse hacia ese cambio tranquilo pero firme. Porque los que están ahora, que dicen ser nuestros representantes no se representan ni a sí mismos cuando advertimos que les importamos una grandísima mierda, con perdón, después de haberles elegido, claro.

Somos un Estado de derecho porque lo dicen unos papeles y lo vociferan sus escribanos, aunque las mujeres y hombres, los ciudadanos libres no lo ven tangible,  no lo palpan con sus dedos, no lo disfrutan los ciudadanos que anhelan que la regeneración se instale, primero en sus corazones para inmediatamente instalarse en todas las instituciones de nuestro país. Porque no encuentran en el poder ni en sus aledaños espejo alguno donde se refleje un pueblo ávido de cambios. Y cualquier líder sin un pueblo detrás que le arrope, no es tal, sino una figura decorativa resistiendo al tiempo hasta que lo cambien. Es demasiado pretencioso decir que actualmente somos un Estado de derecho cuando hay tantas mujeres y tantos hombres sin algunos de los más fundamentales, una vivienda digna y un trabajo que les permita llevarse algo a la boca para comer.

Podría ponerme a enumerar y nunca terminaría de hacerlo, relatando aquello que nos pertenecía y nos han arrebatado, aquello que disfrutábamos y nos lo han prohibido. Podría contar todas las ilusiones rotas de miles y miles de jóvenes con un futuro incierto y hasta desolador. Lo jodidamente mal que lo están pasando muchas familias, desgarradas por el drama del desempleo. Podría, en fin, ciscarme en todos sus muertos, aunque pensándolo mejor, sus muertos puede que no tuvieran ninguna culpa, así que me ciscaré en los vivos, en ellos. Y un poco más tranquilo hasta puede que me quede.

Calma almaes, calma, te estás alterando demasiado, me digo. Y respiro hondo, muy hondo, y entre cada compás de mis inspiraciones y respiraciones siempre vuelve insistentemente la misma maldita pregunta que llevo conmigo hace años, ¿qué hemos hecho para merecer esto?

Buenas noches y feliz día

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