Política

Top 5 – Las mayores mentiras de PPSOE

 

Una de las razones por las que nuestra democracia resulta muy
insatisfactoria reside en que son muchos los que consideran que su única
función se reduce a la legitimación del acceso al poder, sin caer en la
cuenta de que, más allá de esa condición, es necesario que el sistema
político respete una serie de principios. En primer lugar, la poliarquía,
que ha sido sañudamente barrida del panorama español, pero también la
vigencia de ciertas normas y tradiciones cuya ausencia lleva a la
ineficacia y la corrupción.

Para que esta exigencia se haga efectiva, es preciso que la presión social
la demande y la imponga, y, por desgracia, esto no ha sido así; hasta
ahora. Pensemos en el recurso a la mentira, por ejemplo, un uso que,
cuando está bien urdido, ha gozado hasta de cierta respetabilidad, pero
que, entre nosotros, ha adquirido características casi cómicas, de modo
que embustes indistinguibles de la pura memez se han homologado como
si fueran secreto de Estado.

Los españoles hemos sido muy poco exigentes con la calidad de la
democracia, pero esto tendrá que empezar a cambiar. Son varias las
razones que explican la fidelidad de los electores hacia los grandes
partidos, pero una de sus raíces está fuera de la política y se asienta en el
terreno de las creencias cuasi religiosas, allí donde funciona sin discusión
la contraposición entre los “míos” y los “otros”, entre el bien y el mal. Si
se me permite la broma, lo que está empezando a pasar es que buena parte
del personal político ha empezado a comportarse como si fuera muy
“suyo”, como si no se debiese a nada ni a nadie, más allá de su interés
inmediato y egoísta. El hecho de que, con España en ruinas, Zapatero
haya tenido tiempo para asegurar el futuro de sus principales
colaboradores con buenas colocaciones no puede considerarse
completamente ajeno al descalabro del PSOE.

El que ahora entremos de nuevo en una dinámica electoral va a permitir
que se ponga a prueba la medida de la desafección de los electores con
las grandes fuerzas en liza. En Andalucía, el PP sufrió un primer aviso -no
está claro que lo haya sabido interpretar-, pero habrá que estar muy atento
a lo que ocurra en el País Vasco y en Galicia. En general, la ley electoral
atenúa los efectos del desgaste de las grandes fuerzas, así que lo que
podría pasar ahora, especialmente en Galicia, es que ambos pierdan,
incluso sin que nadie se beneficie de esos descensos, de manera que baje
enormemente el número de votos sin una merma equivalente en escaños.
Ya se sabe cómo está el PSOE, pero el PP puede llegar a estar peor.

José Luis González Quirós.- 30/08/2012

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