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almaes

Soy uno de los habitantes que puebla este viejo pero hermoso país al que llamamos España. He recorrido sus pueblos y ciudades, sus valles y montañas, he navegado sus mares y surcado el azul de sus cielos. Y allí donde fuere o estuviere siempre hallé el lado amable de su gente. La de la calle, la que no entiende de vaguedades, sortilegios ni componendas. La que llama al pan, pan y al vino, vino. El pueblo llano, capaz de las mayores gestas y heroicidades. Ahí está la historia para comprobarlo.

Inconformista desde la cuna, me asquea el pasotismo de muchos y el desapego de algunos. Hastiado que el mundo sea como es y no queramos o no sepamos cambiarlo. Un individuo más, integrante de una legión de indignados con nuestra clase política y económica. Los unos, auténticos charlatanes que no dignifican su profesión, sino que la envilecen y denigran. Los otros, barrigas llenas que nos contemplan desde sus torres de cristal y acero, impasibles ante el sufrimiento de un pueblo desolado por la crisis y el desempleo.

Agnóstico pero creyente del hombre bueno. Aprendiz de todo y maestro de nada. Hago lo que puedo y puedo con lo que hago. Vencido y frustrado en mil batallas pero renacido y dispuesto para la siguiente. Y… por si todo esto fuera poco bagaje, soy… sufridorrrrrrrrrrr

Detrás de la cortina

“En una sociedad moderna, libre, justa y democrática los secretos nos repugnan, nos oponemos a las sociedades secretas, a juramentos secretos y a procedimientos secretos. Sin embargo conviviendo con esa sociedad, existe, detrás de la cortina, otra monolítica y despiadada que se basa principalmente en encubrir sus medios para expandir su esfera de influencia, basada en filtraciones en lugar de invasión, en subversión en lugar de elecciones, en intimidación en lugar de libre elección”

La política; un problema y no una solución

A casi nadie se le escapa que los votantes de un signo u otro están hartos de sus políticos, de su forma de hacer y entender la política. Hartos de sus corrupciones, hastiados de la forma en que intervienen en todos los aconteceres de la vida pública sin importarles los medios para conseguir el fin perseguido que no es otro que medrar, medrar y medrar.

Juicio a un juez

El juez Baltasar Garzón se enfrenta a un juicio por un presunto delito de prevaricación, dictar a sabiendas una resolución injusta, al investigar sin ser competente las desapariciones durante el franquismo.

No se entiende que un juez pueda sentarse en el banquillo por querer investigar los crímenes del franquismo, máxime cuando ningún juez antes lo haya hecho a pesar de los años transcurridos.

Le sentarán en el banquillo, le juzgarán, puede que incluso le condenen. Aquellos que le acusan de dictar a sabiendas una resolución injusta estarán cometiendo el mismo presunto delito por el que le acusan.

Dormir contigo

Puede que a algunos les sorprenda este post en este blog. Sí, lo admito es un poco frívolo pensando en los temas sobre los que normalmente escribo. De hecho hoy quería publicar […]