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almaes

Soy uno de los habitantes que puebla este viejo pero hermoso país al que llamamos España. He recorrido sus pueblos y ciudades, sus valles y montañas, he navegado sus mares y surcado el azul de sus cielos. Y allí donde fuere o estuviere siempre hallé el lado amable de su gente. La de la calle, la que no entiende de vaguedades, sortilegios ni componendas. La que llama al pan, pan y al vino, vino. El pueblo llano, capaz de las mayores gestas y heroicidades. Ahí está la historia para comprobarlo.

Inconformista desde la cuna, me asquea el pasotismo de muchos y el desapego de algunos. Hastiado que el mundo sea como es y no queramos o no sepamos cambiarlo. Un individuo más, integrante de una legión de indignados con nuestra clase política y económica. Los unos, auténticos charlatanes que no dignifican su profesión, sino que la envilecen y denigran. Los otros, barrigas llenas que nos contemplan desde sus torres de cristal y acero, impasibles ante el sufrimiento de un pueblo desolado por la crisis y el desempleo.

Agnóstico pero creyente del hombre bueno. Aprendiz de todo y maestro de nada. Hago lo que puedo y puedo con lo que hago. Vencido y frustrado en mil batallas pero renacido y dispuesto para la siguiente. Y… por si todo esto fuera poco bagaje, soy… sufridorrrrrrrrrrr

Un efecto positivo de la economía sumergida

Efecto positivo de la economía sumergida

Con el estallido de la crisis, el problema se ha agudizado. El motivo, la mala coyuntura que atraviesa nuestro país. Es cierto que el pueblo español está adormilado, como inerte, vacío, asqueado de sus políticos, harto de sus mentiras y de sus dispendios mientras los trabajadores están sufriendo un desempleo tan dramático como injusto. Que muchas empresas han cerrado y siguen cerrando por carecer de la financiación necesaria o, porque sus ventas, debido a la disminución del consumo interno, han bajado. Sin embargo, de todos los efectos negativos que produce la economía sumergida, que son muchos, y sobre los que los diferentes gobiernos no han actuado nunca de una manera firme y decisiva, hay uno positivo, porque positivo es que la gente pueda al menos comer.