Categoría: Economía

¿Qué es el déficit público?

Las cuestiones que tienen relación con la economía, parecen a menudo, difíciles de entender para la mayoría de los ciudadanos, a pesar de que, muy frecuentemente, nos acompañan en todos los órdenes de nuestra existencia.

Yo, admirador de Aristóteles, comparto su opinión que la economía es la correcta distribución de los recursos, sean escasos o abundantes, para satisfacer las necesidades del ser humano, y me alejo hoy, del cómo se llega a ese objetivo que tratan de explicar la historia, la estadística, la sociología y la política económica.

Al ser su finalidad el ser humano, es contemplada como una ciencia social. Ésta, a diferencia de otras ciencias como las naturales o puras que no pueden ser rebatidas, tiene un alto componente de imprecisión

Zapatero; ¡yo no soy un tonto el haba!

Los medios de comunicación coincidían el pasado viernes veintiocho en un optimista encabezado: había pacto social entre sindicatos, empresarios y Gobierno. El desarrollo de la noticia nos hacía partícipes del hecho de que este gran acuerdo era la piedra básica para enfrentar la salida de la crisis, para ahuyentar el pesimismo de los mercados respecto del futuro de nuestro país, para garantizar de forma definitiva el cobro de la pensión a todo el que se encuentre en expectativa e incluso a aquellos que ni siquiera han empezado a cotizar.

A eso de las nueve y media de la mañana de ese mismo viernes, cuando aún no habíamos digerido en su totalidad la buena nueva, cuando la alegre foto en colores de un país en

De espaldas al pueblo, como siempre

No nos engañemos y que no te engañen. Lo que está ocurriendo en nuestro país no es flor de un día. No ha surgido de imprevisto. A lo que estamos asistiendo entre sorprendidos, incrédulos y con una indignación que va creciendo día tras día, es a la culminación de un largo proceso de incompetencia, de despilfarro público, de corrupción y de ocultación sistemática de la realidad. Es el arte del engaño, así como suena, así de crudo, así de real.

Somos un pueblo engañado, maltratado, vejado y humillado. Ha llegado la hora de decir bien alto ¡basta ya! No más engaños, no les demos ninguna otra oportunidad, que se vayan con sus mentiras y con sus pensiones, con sus sueldos vitalicicios y con sus cargos de consejeros en empresas privadas, altamente remunerados, a engañar a otra parte, aquí ya no les queremos. Estamos muy hartos de ellos. Asqueados, totalmente asqueados de su doble vara de medir

Electores interactivos y juegos políticos

En 1949, en concreto el 8 de junio de ese año, se publicó la novela política 1984 de George Orwell. Una mordaz acusación contra el totalitarismo. La obra de Orwell exponía el caso de un gobierno que controlaba por completo todos los medios de comunicación, introduciendo los conceptos del omnipresente y vigilante Gran Hermano. Los acertados neologismos de Orwell, como “neolengua”y “doble pensar” empezaron a formar parte del léxico habitual.

El libro fue una poderosa arma de asalto en la lucha contra la censura y contra la manipulación del pensamiento, razón por la cual estuvo prohibido durante décadas en la Unión Soviética.

Once upon a time…

Erase una vez que hubo un tiempo en que la riqueza era elemental. Se poseía o no. Era sólida, material. Resultaba fácil comprender que la riqueza daba poder y el poder daba riqueza.

Era sencillo porque tanto el uno como la otra se basaban en la tierra.

La tierra era el capital más importante de todos, aunque por aquel entonces no se le llamara así. Era finita –en el sentido de que si uno la usaba, ningún otro podía usarla al mismo tiempo-. Y, aún mejor, eminente y evidentemente tangible. Se podía medir, cavar, revolver, pisar, sentir entre los dedos de los pies y dejarla correr entre los de las manos. Generación tras generación de nuestros antepasados la poseyeron o tuvieron hambre de ella y por ella.

Hubo una vez un tiempo en que la mayoría de los que la poseían,

La crisis; entre la cerilla y el bidón de gasolina

Mi primera reflexión, en este año recién alumbrado, va encaminada a ahondar en ese sentimiento, ya casi generalizado en los ciudadanos, entre confusión, incertidumbre e indignación. Esta última, aún no manifestada con virulencia, hay una cerilla que reposa en su caja y un bidón de gasolina que permanece cerrado.

Que el ciudadano de a pie está confuso, inquieto y desorientado lo vemos y oímos a diario. Casi nadie entiende realmente cómo hemos podido llegar a esta situación, si exceptuamos a las personas mayores que constantemente nos están recordando que hemos vivido por encima de nuestras posibilidades. Y no dejan de tener razón,