Categoría: Reflexiones

23-F – Que treinta años no es nada

Que veinte años no es nada, nos cantaba Carlos Gardel en el inmortal tango “Volver” y Jorge Manrique, en Coplas a la muerte de su padre, nos quiso transmitir muchos siglos antes, que si cien años vivieras, otros cien querrías vivir. La vida es un suspiro, y tan rápido como éste, pasa y viene, tan callando.

Y así, tan callando, han pasado treinta años de aquel 23 de febrero de 1981. El día en el que, un puñado de salvapatrias, convencidos que su destino era superior al del resto de los ciudadanos, entraron en el Congreso de los Diputados al grito de “Quietos todo el mundo”

Mujeres y hombres; ciudadanos libres

Es frecuente que, tras un periodo de crisis económica y financiera tan prolongado, surjan movimientos de mujeres y hombres, ciudadanos libres, convencidos de que algo importante debe hacerse para comenzar el cambio tranquilo. Ya no es suficiente para esas mujeres y hombres libres cambiar la orientación de su voto, maldita las ganas que tienen de ir a votar para que nada cambie. Les han engañado tantas veces, que no les basta saber ni les preocupa si en lugar de Zeta gobernará Jota, o lo que es lo mismo intercambiar los collares de los perros, del podenco al galgo y/o viceversa.

Esas mujeres y esos hombres, ciudadanos libres, tienen un objetivo que va más allá de lo que hasta ahora hemos conocido. Desean construir algo nuevo y hermoso. Empezar, si cabe, de cero, e ir levantando sin prisas pero sin pausa un país del que se sientan orgullosos

De oca a oca y tiro porque me toca

¿Qué es realmente lo que impulsa a un elector votar derecha o izquierda, nacionalismo o votar en blanco?

Cada uno de nosotros, tendrá una o mil razones para inclinarse por una de las formaciones políticas que concurren a las elecciones en nuestro país, o no. En el momento que se introduce la papeleta de su opción elegida en la urna, estará pensando que ha votado aquello que más le convence, más le apetece y hasta más le conviene. Y no se le podrá achacar, vote lo que vote, nada en absoluto. Con su libertad y con su reflexión así lo ha querido y así lo manifiesta.

Pero ¿votamos siempre la misma opción? Evidentemente sí lo hacen, aquellos que tienen bien asumido que su opción, independientemente de los votos que obtenga

Gracias por vuestros desvelos

Gracias Señor Presidente del Gobierno, gracias Señor Ministro de Trabajo, gracias a los representantes de los dos sindicatos mayoritarios, gracias a la nueva dirección de la CEOE y gracias a cuantos han intervenido e intervendrán en la negociación sobre el pacto de las pensiones.

Gracias por salvar nuestras pensiones y la de nuestros hijos. No saben sus señorías el peso tan enorme que nos han quitado de encima.

Gracias por regalarnos dos años más de trabajo. No se preocupen, nos sobran fuerzas para soportarlos, además, ¿qué haríamos durante esos dos años sin nuestro trabajo? nos moriríamos del tedio insoportable de la complacencia y la libertad.

Gracias por reducir nuestras pensiones un 20% ¿Qué es una quinta parte de nuestra pensión? ¿En qué la emplearíamos o malgastaríamos? Mejor que se la quede el Estado que tiene muchos agujeros que tapar, muchos amigos, correligionarios, enchufados, besa culos y pelotas empedernidos esperando su vergonzante oportunidad.

Gracias por vuestros efusivos abrazos, besos y felicitaciones tras el anhelado acuerdo final. Nos hace ver lo contentos que estáis y lo que os preocupáis por nosotros

De espaldas al pueblo, como siempre

No nos engañemos y que no te engañen. Lo que está ocurriendo en nuestro país no es flor de un día. No ha surgido de imprevisto. A lo que estamos asistiendo entre sorprendidos, incrédulos y con una indignación que va creciendo día tras día, es a la culminación de un largo proceso de incompetencia, de despilfarro público, de corrupción y de ocultación sistemática de la realidad. Es el arte del engaño, así como suena, así de crudo, así de real.

Somos un pueblo engañado, maltratado, vejado y humillado. Ha llegado la hora de decir bien alto ¡basta ya! No más engaños, no les demos ninguna otra oportunidad, que se vayan con sus mentiras y con sus pensiones, con sus sueldos vitalicicios y con sus cargos de consejeros en empresas privadas, altamente remunerados, a engañar a otra parte, aquí ya no les queremos. Estamos muy hartos de ellos. Asqueados, totalmente asqueados de su doble vara de medir

Once upon a time…

Erase una vez que hubo un tiempo en que la riqueza era elemental. Se poseía o no. Era sólida, material. Resultaba fácil comprender que la riqueza daba poder y el poder daba riqueza.

Era sencillo porque tanto el uno como la otra se basaban en la tierra.

La tierra era el capital más importante de todos, aunque por aquel entonces no se le llamara así. Era finita –en el sentido de que si uno la usaba, ningún otro podía usarla al mismo tiempo-. Y, aún mejor, eminente y evidentemente tangible. Se podía medir, cavar, revolver, pisar, sentir entre los dedos de los pies y dejarla correr entre los de las manos. Generación tras generación de nuestros antepasados la poseyeron o tuvieron hambre de ella y por ella.

Hubo una vez un tiempo en que la mayoría de los que la poseían,