La triada del poder

Cuando era niño pensaba y vivía como un niño. Mis escasas preocupaciones consistían en respetar a mis padres, jugar con otros niños, la sesión doble de cine del fin de semana, el colegio y poca cosa más. No tenía desarrollada la asociación de diferentes conceptos que formaran en mi mente una idea elaborada sobre la película del Oeste que acababa de ver. Lo único que mi mente podía discernir entonces era que el protagonista era un super hombre que con su revolver limpiaba la ciudad de forajidos y al que alborozados aplaudíamos a rabiar. No fue hasta más tarde, ya de adolescente, que aprendí que una clase de poder provenía de los Colt 45 que llevaban en sus cinturones los vaqueros, y que cuánto más rápido desenfundasen sus revólveres más poder tenían. Me estaban proyectando y yo aprendía que hay una clase de poder que provenía de la violencia.

En la misma película del Oeste, casi siempre aparecía otro personaje, el obeso y acaudalado hombre de negocios que con su enorme puro se sentaba detrás de una gran mesa de madera. El personaje era caracterizado como un ser avaro y sin escrúpulos, el banquero de la City que contrataba a pistoleros a sueldo para usurpar tierras a gente honesta y trabajadora que no podían defenderse. Me estaban proyectando y yo aprendía que hay otra clase de poder que proviene del dinero.

Y finalmente, otro personaje de este tipo de películas, el editor del periódico, el maestro o maestra, o la protagonista, una mujer culta del Este con unos fuertes y enraizados ideales. Me estaban proyectando y yo aprendía que hay otra clase de poder que proviene del conocimiento.

Lógicamente, la violencia, el dinero y el conocimiento, no representan las únicas fuentes de poder pero sí son las más representativas e importantes de todas ellas, y cada una de ellas puede tomar muchas y diferentes formas. Un arma puede conseguir dinero a quien la porta, o arrancar información secreta de los labios de su víctima. El dinero puede comprar información, o también adquirir un arma. El conocimiento puede utilizarse bien para aumentar la cantidad de dinero que uno posee, bien para acrecentar las fuerzas que uno controla. Es posible utilizar los tres poderes en casi todos los ordenes de la vida social, desde la intimidad del hogar hasta en el ruedo político.

En la intimidad privada, un padre puede dar un azote a su hijo, retirarle la paga o, lo más eficaz, moldear los valores del hijo de tal manera que el niño desee obedecer. En la política, un Gobierno puede encarcelar a un disidente o torturarle, sancionar económicamente a sus críticos y subvencionar a sus defensores o manipular la verdad para llegar al objetivo previsto.

El azar también afecta a la distribución del poder en la sociedad. Pero tan pronto como nos centramos en los actos humanos intencionados, y nos preguntamos por qué razón los individuos y las sociedades en su conjunto, se someten a los deseos del “poderoso”, nos encontramos siempre , frente a la triada músculo, dinero y mente. En su forma más descarnada, el poder entraña el uso de la violencia. la riqueza y el conocimiento -en el más amplio sentido- para conseguir que la gente actúe de una forma determinada.

Es la triada del poder que vemos tan a menudo en cualquier parte y lugar. Definir el poder de esta manera nos permitirá analizarlo de una forma totalmente nueva que nos revelará cómo es usado para controlar nuestra conducta, desde la cuna hasta el cementerio.

Reflexiones extraídas del libro Powershift de Alvin Toffler

Buenas noches y feliz día

 

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