Yo soy un friki pues, Señor Ministro

Me he planteado, en algunas ocasiones, querer saber, cómo se desarrolla un Consejo de Ministros, sus interioridades, sus preparativos y sus resoluciones finales. Hoy, tras conocer la aprobación de la limitación de velocidad a 110 km en autopistas y autovías, me lo he dejado de plantear.

Sí, ya no me interesa lo más mínimo, y no me interesa porque después de conocer esta medida, soy absolutamente consciente que tras la sala donde debe celebrarse la sesión del consejo, sólo voy a encontrar a políticos desorientados y desbordados por los acontecimientos, carentes de ideas con sentido, que nos obsequian, cada vez con más frecuencia, de normas y leyes con denominación de origen “chapuceril” y ésta, la de limitar la velocidad por el precio del crudo, es una chapuza más que agregar a la ya larga lista de chapuzas con las que regularmente nos obsequia este gobierno.

Siempre he defendido que no era fácil lidiar con esta crisis, es difícil para este gobierno y para el que hubiera. Demasiada compleja, de enorme virulencia y muy cambiante, arreglas una cosa y se estropean dos. A pesar de lo cual, no es óbice, para afirmar rotundamente que en lo que sí han podido gestionar, porque era exclusivamente de su competencia, lo han hecho mal, francamente mal.

Entonces he llegado a la conclusión, máxime después de conocer por boca de nuestro presidente, “no podemos estar aprobando medidas todos los días para combatir esta crisis” que gran parte del tiempo destinado en los Consejos de Ministros se debe de emplear en otros menesteres que en nada tienen que ver con lo que uno creía consistía el trabajo de unos ministros. Y ya puestos a imaginar, uno se imagina la escena y su desarrollo posterior. Algo así como ¿medidas para aprobar hoy? Y a la vista de que hoy no es día para que surja de las mentes de nuestros gobernantes alguna con sentido común, y algo tiene que salir aprobado del Consejo, el bueno del ministro de Industria, el Señor Miguel Sebastián, se saca de su cartera ministerial otra prohibición más que añadir a la ya larga lista de prohibiciones con las que nos han obsequiado estos últimos años los socialistas. Pero ésta no es una prohibición más, ésta se escapa de su competencia y se inmiscuye dentro de la libertad individual de cada uno. Es intervencionismo estatal en la vida particular de sus ciudadanos.

A pesar de estar en contra, por su rigidez, la Ley del tabaco, cumple un objetivo social, como lo es, proteger la salud de los no fumadores e incluso de los fumadores. Se puede estar en contra por no dejar ningún resquicio a los fumadores, pero se acata sin problemas porque es una Ley que protege la salud del humo del tabaco.

Pero ésta, además de una chapuza, de un sin sentido, es una medida aprobada, bien sin ningún tipo de meditación, o bien aprobada de manera intencionada para ir llenando las vacías arcas de Hacienda con el dinero de las multas que se generarán con esta disparatada propuesta.

Así que Señor Ministro de Fomento, si a los que nos oponemos a esta medida, usted les llama friki, entonces yo lo soy aunque no lo hubiera advertido. Aunque ya puestos a llamar a las cosas por su nombre, si yo soy un friki, usted es el mayor enemigo de la libertad individual de las personas, al inmiscuirse en asuntos que sólo a nosotros, como individuos libres, nos conciernen. Y si yo quiero gastar, de mi dinero, cincuenta euros semanales en gasolina o gasoil usted no es nadie para prohibírmelo y decirme que en lugar de cincuenta me tengo que gastar cuarenta y cinco. ¿O también querrán recortarme en otro próximo consejo de ministros lo que me gasto en cualquier otro producto de los que somos dependientes del exterior? porque la lista además de interminable es para que ustedes se sonrojaran por la nula gestión en revertir este dato.

De esta forma, señores socialistas del gobierno de la nación, no me vengan con milongas. Ustedes no son nadie para decidir, porque un producto suba de precio, cuánto me tengo que gastar en gasolina, ni en zapatos ni en lo que me quiera gastar, es mi gasolina, no la suya ni la de nadie, y estando como estamos en una economía de libre circulación de mercancías, éstas suben y bajan, y ahora ha subido y puede que suba más, pero con mi dinero, soy yo quién decide, cuánto, dónde, cuando, cómo y porqué me lo gasto.

Ustedes, a través de una política energética tan zafia han llevado a que los hogares de este país paguen el Kilowatio a precio de oro, y aún no han terminado las subidas, se han opuesto  a cualquier medida racional en el tema de las renovables  o nuclear. ¿Me quieren obligar ahora a circular más despacio por que haya subido el petróleo? ¿Por qué no a 90 o 60 km? Ya puestos a prohibir, que eso es lo que se les da bien, prohíban las importaciones de crudo, vayamos en burro por nuestras estupendas autopistas y autovías, paremos nuestra escasa industria y volvamos al siglo XI, al oscurantismo y la barbarie.

¿Por qué no se callan o dimiten?

Buenas noches y feliz día

 

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