Los medios y la opinión mundial

 

Los cambios de poder financiero sobre los medios de comunicación provocan siempre encendidas controversias. Las redes ya establecidas y otros medios ven amenazado su espacio. Además, la concentración del control financiero en manos de los Murdoch y los Berlusconi trae a la memoria el recuerdo de los grandes señores de la prensa que hubo en el pasado, como William Randolph Hearst, hombre cuya influencia fue enorme y en modo alguno universalmente admirada, a pesar de la estupenda película “Ciudadano Kane”, un clásico entre los clásicos.

Afortunadamente, hoy en día, el temor del pasado a que los medios estuviesen en manos de unos pocos y homogeneizasen la información a la vez que el mundo, resulta algo exagerado, aunque no carente de polémica.

Los medios de comunicación de masas causaron sus efectos homogeneizantes más acusados cuando sólo había unos cuantos canales, pocos medios de comunicación diferentes y, en consecuencia, pocas opciones de elección para las audiencias. Si echamos la vista atrás, recordaremos cómo en España hasta la aprobación de la Ley de la Televisión privada en 1990, sólo existían dos canales TV1 y TV2, dos canales cortados por el mismo patrón, informativamente hablando.

En la actualidad, la situación inversa prevalece. Aunque, en su mayoría, el contenido de cada uno de los programas que se nos ofrecen deja bastante que desear, el mejor contenido de todos ellos es la existencia de la diversidad en sí. Este cambio en las opciones ha entrañado implicaciones no sólo sociales y culturales, sino también políticas.

Los gobiernos de países con alta tecnología están viendo como sus pueblos son bombardeados con múltiples, contrapuestos y mediatizados mensajes comerciales, culturales y políticos, en lugar de serlo por un solo mensaje repetido al unísono por unos pocos medios por muy gigantescos que fueran. La antigua política de movilización de masas y de manipulación de la aprobación es ahora más difícil en el entorno de los medios de comunicación actuales. Las mayores posibilidades de elección de medio de comunicación son inherentemente más democráticas, máxime si tenemos en cuenta el poder de los medios en Internet, con una influencia cada vez mayor que hará disminuir, sino desaparecer, la prensa tradicional.

Otra cuestión respecto a los barones de los medios de comunicación se refiere a sus personales puntos de vista políticos. Unos son acusados de acérrimos conservadores, otros que están demasiado apegados a los partidos de izquierda, y algunos otros que han vendido su alma a un determinado partido político o gobierno.

Y es cierto. En España hemos visto y vemos cómo determinados canales se inclinan tanto a derecha como a izquierda según sea el color del partido en el gobierno. Algunos van mucho más allá, basando una gran parte de su programación en descalificar y mofarse de lo que otra cadena rival emite, en lugar de esmerarse en producir una programación de más calidad.

Pero, al margen de sus respectivos puntos de vista políticos, hay algo más importante, los intereses que tienen en común. Desde luego, todo son capitalistas que operan en un marco capitalista. Como tales, convendremos que, en general, los resultados de su cuenta de pérdidas y ganancias les interesan mucho más que cualquier orientación política, por muy favorecidos que sean por el poder del gobierno de turno.

No obstante, la propia existencia de poderosos medios de comunicación capaces de abarcar continentes enteros ha cambiado el poder entre los poderes políticos nacionales y la comunidad mundial. De este modo, sin que fuera esa su intención, los barones de los nuevos medios de comunicación están cambiando drásticamente el papel de la opinión pública en el planeta.

Hoy en día, en la mayoría de las ocasiones, las naciones no hacen caso de la opinión mundial, ni se preocupan mucho por las consecuencias. La opinión mundial no salvó a las víctimas de Auschwitz, al pueblo de Camboya, ni evitó que los chinos asesinaran a los estudiantes que protestaban en Beijing.

No obstante, a veces, la opinión mundial ha detenido la mano de regímenes asesinos. La historia de los derechos humanos está repleta de casos en los que las protestas mundiales han evitado la tortura o el asesinato de presos políticos en determinados países.

El sistema de medios de comunicación mundiales no hará que las naciones se comporten como hermanas de la caridad, pero sí les resultará más caro desafiar a la opinión mundial.

Probablemente, sin haberlo pretendido, los magnates de los nuevos medios de comunicación han creado y puesto en manos de la comunidad mundial una cada vez más poderosa herramienta. Quizás la herramienta más poderosa en el vertiginoso y cambiante mundo de nuestros días.

Reflexiones extraidas del libro Powershift de Alvin Toffler

Buenas noches y feliz día

 

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s